Qué es el CRA Cyber Resilience Act y por qué cambia las reglas del juego en ciberseguridad

¿Qué es el Cyber Resilience Act y por qué cambia las reglas del juego en ciberseguridad?

El Cyber Resilience Act (CRA) marca un antes y un después en la forma en que Europa aborda la ciberseguridad de productos digitales. Desde su entrada en vigor el 10 de diciembre de 2024, este reglamento europeo establece por primera vez requisitos obligatorios de ciberseguridad para todos los productos con elementos digitales que se comercialicen en el mercado de la Unión Europea, transformando radicalmente las responsabilidades de fabricantes, importadores y distribuidores.

Para las empresas españolas, especialmente aquellas dedicadas a la fabricación de hardware, desarrollo de software o distribución de productos tecnológicos, el CRA representa un desafío regulatorio significativo que exige adaptación inmediata. A diferencia de normativas anteriores que se centraban en sectores específicos, el Cyber Resilience Act tiene un alcance horizontal sin precedentes: desde altavoces inteligentes y routers domésticos hasta sistemas industriales críticos y aplicaciones móviles, prácticamente cualquier dispositivo conectado queda bajo su paraguas normativo.

El coste anual mundial de la ciberdelincuencia alcanzó los 5,5 billones de euros en 2021, según datos de la Comisión Europea. El CRA busca reducir drásticamente esta cifra mediante la imposición de estándares de seguridad desde el diseño hasta el final del ciclo de vida del producto.

Lo verdaderamente disruptivo del CRA es su enfoque en la responsabilidad compartida a lo largo de toda la cadena de suministro. Ya no basta con que un producto funcione correctamente; ahora debe demostrar que ha sido diseñado, desarrollado y mantenido con la ciberseguridad como prioridad fundamental. Este cambio de paradigma obliga a las organizaciones a repensar completamente sus procesos de desarrollo, documentación y soporte técnico.

El reglamento se complementa perfectamente con otras normativas europeas recientes. Mientras la Directiva NIS2 se enfoca en la seguridad de infraestructuras y servicios esenciales, el CRA pone el foco en los propios productos digitales. Esta sinergia crea un ecosistema regulatorio integral que aborda la ciberseguridad desde múltiples ángulos, reforzando la protección de empresas y consumidores europeos.

Plazos críticos: el calendario de implementación del CRA que toda empresa debe conocer

Aunque el Cyber Resilience Act entró oficialmente en vigor en diciembre de 2024, su implementación sigue un calendario escalonado que las empresas deben comprender para planificar adecuadamente su estrategia de cumplimiento. Esta progresividad responde a la complejidad técnica y organizativa que implica la adaptación a los nuevos requisitos.

El primer hito crítico llega el 11 de septiembre de 2026, cuando entrará en vigor la obligación de notificación de vulnerabilidades. A partir de esta fecha, los fabricantes deberán informar a las autoridades competentes sobre cualquier vulnerabilidad explotada activamente en sus productos, siguiendo plazos estrictos: notificación inicial en 24 horas tras tener conocimiento de la vulnerabilidad, seguida de una notificación completa en un máximo de 72 horas que incluya descripción detallada, métodos de explotación, medidas correctoras adoptadas y acciones recomendadas para los usuarios.

La aplicación completa y vinculante del CRA tendrá lugar el 11 de diciembre de 2027. A partir de esta fecha, ningún producto con elementos digitales podrá comercializarse en la UE sin cumplir todos los requisitos establecidos en el reglamento, incluyendo el obligatorio marcado CE que certifica el cumplimiento de los estándares de ciberseguridad.

Este calendario de tres años no es casual: la Comisión Europea reconoce que las empresas necesitan tiempo suficiente para adaptar sus procesos de diseño, desarrollo, producción y mantenimiento. Sin embargo, esperar hasta el último momento puede resultar catastrófico. Las organizaciones que inicien su proceso de adaptación ahora dispondrán de margen para realizar ajustes, formar a sus equipos y establecer los procedimientos necesarios sin la presión de plazos inminentes.

Para las pequeñas y medianas empresas, que representan la mayor parte del tejido empresarial español, estos plazos son especialmente críticos. A diferencia de las grandes corporaciones con recursos dedicados a cumplimiento normativo, las pymes deben planificar cuidadosamente sus inversiones en adaptación al CRA, equilibrando costes de implementación con la necesidad imperativa de mantener su acceso al mercado europeo.

¿Quiénes están obligados a cumplir con el Cyber Resilience Act?

El alcance del CRA es extraordinariamente amplio, afectando a múltiples actores en la cadena de valor de productos digitales. Comprender si tu empresa está dentro del ámbito de aplicación del reglamento es el primer paso esencial para iniciar el proceso de adaptación.

Fabricantes de productos digitales son los principales obligados por el CRA, independientemente de su ubicación geográfica. Si tu empresa diseña, desarrolla o fabrica productos con elementos digitales destinados al mercado europeo, estás sujeto a la normativa, incluso si tu sede está fuera de la UE. Esto incluye desde fabricantes de dispositivos IoT hasta desarrolladores de aplicaciones móviles, pasando por productores de hardware industrial.

Los importadores que introducen productos digitales de terceros países en el mercado europeo también asumen responsabilidades significativas bajo el CRA. Deben verificar que los productos cumplen con los requisitos del reglamento, asegurarse de que el fabricante ha realizado los procedimientos de evaluación de conformidad apropiados y mantener la documentación técnica disponible para las autoridades durante 10 años tras la comercialización del producto.

Empresas obligadas cumplimiento Cyber Resilience Act Union Europea

Los distribuidores no quedan exentos de obligaciones. Aunque su responsabilidad es menor que la de fabricantes e importadores, deben verificar que los productos llevan el marcado CE requerido, que van acompañados de la documentación necesaria y que el fabricante e importador han cumplido con sus obligaciones. Si un distribuidor detecta que un producto no cumple con el CRA, debe abstenerse de comercializarlo e informar inmediatamente al fabricante, importador y autoridades de vigilancia del mercado.

Un aspecto frecuentemente pasado por alto es que el CRA también afecta a desarrolladores de software comercial, incluyendo aquellos que distribuyen sus productos de forma gratuita con fines comerciales. La única excepción significativa es el software de código abierto desarrollado sin ánimo de lucro, que queda fuera del ámbito de aplicación para evitar sofocar la innovación en este ecosistema vital.

Los sectores especialmente afectados incluyen: fabricación de electrónica de consumo, desarrollo de software empresarial, automatización industrial, dispositivos de domótica, tecnologías sanitarias, sistemas de seguridad física y infraestructura de redes.

Es crucial entender que ciertas categorías de productos están excluidas del CRA porque ya están reguladas por normativas sectoriales específicas más estrictas: dispositivos médicos (regulados por el Medical Device Regulation), componentes de aviación, vehículos y sus sistemas (bajo el alcance de UN Regulation on Cybersecurity), y equipos marinos. Esta exclusión evita duplicidades regulatorias y reducción de cargas administrativas innecesarias.

Las cuatro categorías de riesgo: clasificación y requisitos específicos

El Cyber Resilience Act no trata todos los productos por igual. Reconociendo que diferentes tipos de productos presentan diferentes niveles de riesgo para la ciberseguridad, el reglamento establece un sistema de clasificación en cuatro categorías, cada una con requisitos específicos de evaluación y certificación.

La categoría «Predeterminada» o «Sin clasificar» abarca aproximadamente el 90% de todos los productos digitales comercializados en la UE, según estimaciones de la Comisión Europea. Esta categoría incluye productos sin vulnerabilidades críticas de ciberseguridad, como software de edición de imágenes, procesadores de texto, altavoces inteligentes, videojuegos y la mayoría de aplicaciones móviles. Para estos productos, los fabricantes pueden realizar una autoevaluación de conformidad, asumiendo la responsabilidad de verificar que cumplen los requisitos esenciales del CRA y emitiendo una declaración UE de conformidad.

Los productos de Clase I presentan un nivel de riesgo moderado y requieren mayor escrutinio. Esta categoría incluye sistemas de gestión de identidad y acceso, navegadores web, gestores de contraseñas y sistemas operativos que no sean de propósito general. Para productos Clase I, la evaluación de conformidad debe ser realizada mediante evaluación técnica por parte del fabricante con auditoría posterior por un organismo notificado, una entidad independiente acreditada para verificar el cumplimiento normativo.

La Clase II engloba productos con riesgo alto, cuyas vulnerabilidades podrían tener consecuencias graves para la seguridad de usuarios y organizaciones. Aquí encontramos sistemas operativos de propósito general, hipervisores, cortafuegos, sistemas de detección de intrusiones, microcontroladores y microprocesadores destinados a aplicaciones críticas. Estos productos requieren certificación completa por parte de un organismo notificado antes de su comercialización, incluyendo evaluación exhaustiva de la documentación técnica, análisis de diseño de seguridad y verificación de procesos de desarrollo.

Categorias clasificacion riesgo productos digitales Cyber Resilience Act

Finalmente, los productos «Altamente Críticos» representan el nivel máximo de riesgo y están sujetos a los requisitos más estrictos. Esta categoría incluye elementos seguros, sistemas de gestión de tarjetas inteligentes y ciertos componentes criptográficos críticos. Para estos productos se exige una certificación UE obligatoria, el procedimiento de conformidad más riguroso, que implica evaluación completa por organismos notificados con competencias especializadas y revisión continua durante el ciclo de vida del producto.

La clasificación de un producto no es estática: a medida que la tecnología evoluciona y emergen nuevas amenazas, la Comisión Europea puede revisar y actualizar las categorías mediante actos delegados. Las empresas deben mantener vigilancia continua sobre posibles reclasificaciones que puedan afectar a sus productos.

Requisitos esenciales de ciberseguridad: qué debe cumplir tu producto

El Anexo I del Cyber Resilience Act establece los requisitos esenciales de ciberseguridad que deben cumplir todos los productos con elementos digitales. Estos requisitos están diseñados para ser tecnológicamente neutrales, es decir, no prescriben soluciones técnicas específicas sino objetivos de seguridad que los fabricantes deben alcanzar mediante las tecnologías y metodologías que consideren apropiadas.

El principio fundamental es la seguridad por diseño (security by design): los productos deben diseñarse, desarrollarse y fabricarse de manera que garanticen un nivel apropiado de ciberseguridad basado en el estado del arte tecnológico. Esto significa que la seguridad no puede ser un añadido posterior, sino que debe integrarse desde las primeras fases del ciclo de desarrollo, similar al enfoque que detallamos en nuestro análisis sobre el Reglamento de IA de la UE.

Los productos deben implementar medidas de protección contra accesos no autorizados, tanto físicos como lógicos. Esto incluye mecanismos robustos de autenticación y autorización, protección contra ataques de fuerza bruta, cifrado de datos sensibles tanto en tránsito como en reposo, y segregación adecuada de funcionalidades críticas. Para dispositivos con interfaces de usuario, las configuraciones de seguridad deben ser seguras por defecto, evitando contraseñas predeterminadas débiles o configuraciones inseguras de fábrica.

Los fabricantes deben garantizar la integridad del producto mediante mecanismos que detecten y prevengan modificaciones no autorizadas del software, incluyendo protección contra manipulación del firmware y verificación criptográfica de actualizaciones.

La gestión de vulnerabilidades constituye otro pilar fundamental. Los fabricantes deben establecer procesos para identificar, documentar y remediar vulnerabilidades durante todo el ciclo de vida del producto. Esto implica mantener un inventario actualizado de componentes, incluyendo bibliotecas de terceros y dependencias de código abierto, y monitorizar continuamente vulnerabilidades conocidas en estos componentes mediante bases de datos públicas de vulnerabilidades.

Los productos deben proporcionar actualizaciones de seguridad durante un período definido y comunicado claramente a los usuarios. Estas actualizaciones deben poder instalarse de manera segura, preferiblemente de forma automática o con intervención mínima del usuario, y no deben degradar la seguridad del producto. El período de soporte debe ser razonable en función del tipo de producto y las expectativas del mercado: un smartphone podría requerir actualizaciones durante 5-7 años, mientras que un sistema industrial crítico podría necesitar soporte durante 10-15 años.

La minimización de la superficie de ataque es otro requisito clave. Los productos deben limitar sus funcionalidades a lo estrictamente necesario, desactivar servicios innecesarios por defecto, y proporcionar mecanismos para que usuarios avanzados puedan deshabilitar funcionalidades opcionales que no utilicen. Este principio se alinea con las mejores prácticas de arquitecturas Zero Trust, cada vez más adoptadas en entornos empresariales.

Proceso de evaluación de conformidad: del desarrollo al marcado CE

El camino hacia el cumplimiento del CRA implica un proceso estructurado de evaluación de conformidad que varía según la categoría de riesgo del producto. Comprender este proceso es esencial para planificar adecuadamente los recursos, tiempos y costes asociados a la comercialización de productos digitales en el mercado europeo.

Para productos de la categoría predeterminada, el proceso comienza con una evaluación de riesgos de ciberseguridad que identifique amenazas potenciales, vulnerabilidades existentes y medidas de mitigación implementadas. Esta evaluación debe documentarse exhaustivamente y actualizarse cuando cambie el perfil de amenazas o la funcionalidad del producto. Posteriormente, el fabricante realiza una autoevaluación de conformidad, verificando que el producto cumple todos los requisitos esenciales del Anexo I del CRA.

La documentación técnica constituye un elemento central del proceso. Debe incluir descripción detallada del producto y su arquitectura, análisis de riesgos realizado, medidas de seguridad implementadas, instrucciones de instalación y configuración segura, procedimientos para gestión de vulnerabilidades, y declaración sobre el período de soporte de seguridad. Esta documentación debe conservarse durante 10 años tras la última comercialización del producto y estar disponible para las autoridades de vigilancia del mercado.

La Declaración UE de Conformidad es el documento mediante el cual el fabricante asume la responsabilidad de que el producto cumple con el CRA. Debe incluir identificación del fabricante, descripción del producto y su categoría de riesgo, referencia a normas armonizadas aplicadas (si las hay), identificación del organismo notificado (para productos Clase I, II o altamente críticos), y firma del representante autorizado del fabricante.

Para productos de Clase I y superiores, se requiere intervención de un organismo notificado. Estos organismos son entidades independientes acreditadas por los Estados miembros y notificadas a la Comisión Europea para realizar evaluaciones de conformidad. En España, el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital es responsable de la acreditación de organismos notificados, trabajando en coordinación con INCIBE, que juega un papel crucial en la vigilancia del mercado.

El marcado CE es el sello visible del cumplimiento del CRA. Debe colocarse de manera visible, legible e indeleble en el producto o, cuando esto no sea posible por el tamaño o naturaleza del producto, en su embalaje y documentación adjunta. El marcado CE certifica que el producto cumple no solo con el CRA, sino con toda la legislación europea aplicable que prevé su colocación.

Un aspecto frecuentemente subestimado es la necesidad de reevaluación cuando se producen cambios sustanciales en el producto. Si se modifican funcionalidades, se actualizan componentes críticos o se descubren vulnerabilidades significativas que requieren cambios de diseño, puede ser necesario repetir parcial o totalmente el proceso de evaluación de conformidad. Esta obligación refuerza el carácter continuo de la ciberseguridad bajo el CRA.

Notificación de incidentes: obligaciones y plazos críticos

El Cyber Resilience Act establece un sistema riguroso de notificación de incidentes de ciberseguridad que refleja el reconocimiento de que incluso los productos mejor diseñados pueden presentar vulnerabilidades que serán descubiertas a lo largo de su vida útil. Este sistema busca crear un flujo rápido de información entre fabricantes, autoridades y usuarios finales para minimizar el impacto de vulnerabilidades activamente explotadas.

La obligación de notificación se activa cuando el fabricante tiene conocimiento de una vulnerabilidad explotada activamente en sus productos. No se trata de cualquier vulnerabilidad teórica, sino específicamente de aquellas que están siendo utilizadas por atacantes en la práctica para comprometer la seguridad de sistemas o datos. Esta distinción es importante: evita sobrecargar a las autoridades con informes de vulnerabilidades puramente teóricas, centrando la atención en amenazas reales e inmediatas.

El primer paso es la notificación inicial, que debe realizarse en un plazo máximo de 24 horas desde que el fabricante tuvo conocimiento de la vulnerabilidad. Esta notificación inicial puede ser relativamente básica, incluyendo identificación del producto afectado, descripción preliminar de la vulnerabilidad, y cualquier medida de mitigación inmediata que los usuarios puedan aplicar. El objetivo es alertar rápidamente a las autoridades para que puedan tomar medidas preventivas.

La notificación completa debe presentarse en un plazo máximo de 72 horas desde el conocimiento inicial. Esta debe incluir análisis detallado de la vulnerabilidad y su alcance, descripción de cómo está siendo explotada, número estimado de productos afectados, medidas correctoras adoptadas por el fabricante, acciones recomendadas para usuarios, y cronograma de despliegue de parches de seguridad.

Las notificaciones se realizan ante los CSIRT (Computer Security Incident Response Teams) nacionales designados por cada Estado miembro. En España, el INCIBE-CERT actúa como CSIRT nacional, coordinando la respuesta a incidentes de ciberseguridad y facilitando el intercambio de información entre fabricantes, autoridades y organizaciones afectadas. A partir de septiembre de 2026, estas notificaciones se canalizarán a través de la Plataforma Única de Notificación del CRA (Single Reporting Platform), desarrollada por ENISA para centralizar y facilitar el proceso de notificación a nivel europeo.

Es crucial entender que la obligación de notificación no se limita a vulnerabilidades descubiertas internamente por el fabricante. Si un investigador de seguridad externo, un cliente o cualquier tercero reporta una vulnerabilidad explotada, el fabricante debe iniciar el proceso de notificación inmediatamente. Esto requiere establecer canales claros de comunicación para recepción de reportes de seguridad, como direcciones de correo electrónico dedicadas (security@empresa.com) o plataformas de divulgación responsable de vulnerabilidades.

La gestión posterior a la notificación es igualmente importante. Los fabricantes deben mantener informadas a las autoridades sobre el progreso en la remediación de la vulnerabilidad, comunicar cuando se desplieguen parches de seguridad, y proporcionar información actualizada si se descubre que el impacto es mayor al inicialmente estimado. Esta comunicación continua permite a las autoridades coordinar respuestas efectivas y proporcionar orientación a organizaciones afectadas.

Sanciones por incumplimiento: el coste real de ignorar el CRA

El Cyber Resilience Act no es una recomendación o buena práctica voluntaria: es un reglamento vinculante cuyo incumplimiento conlleva sanciones económicas significativas diseñadas para garantizar que las empresas tomen en serio sus obligaciones de ciberseguridad. Comprender el régimen sancionador es esencial para que las organizaciones evalúen adecuadamente los riesgos de no conformidad.

Las sanciones más graves, aplicables a infracciones de los requisitos esenciales establecidos en el Anexo I del CRA, pueden alcanzar hasta 15 millones de euros o el 2,5% del volumen de negocios anual global de la empresa del ejercicio financiero anterior, aplicándose la cantidad que resulte superior. Estas sanciones máximas se reservan para incumplimientos graves que pongan en riesgo significativo la ciberseguridad de usuarios y organizaciones.

Para infracciones de menor gravedad, como incumplimientos de obligaciones de documentación, fallos en procedimientos de notificación o incorrecciones en el marcado CE, las multas pueden alcanzar hasta 10 millones de euros o el 2% del volumen de negocios anual global, según cuál sea la cifra mayor. Aunque menores que las sanciones máximas, estas cantidades siguen siendo suficientemente significativas para impactar seriamente la viabilidad financiera de muchas empresas, especialmente pymes.

Más allá de las multas económicas, las autoridades de vigilancia del mercado tienen potestad para imponer medidas correctoras que pueden resultar devastadoras para el negocio: retirada obligatoria de productos del mercado, prohibición de comercialización hasta subsanar incumplimientos, y órdenes de recall que obligan a recuperar productos ya vendidos.

El impacto reputacional de sanciones bajo el CRA puede ser aún más dañino que las propias multas. En un mercado donde la confianza en la seguridad de productos digitales es cada vez más crítica para decisiones de compra, verse públicamente sancionado por incumplimiento de requisitos de ciberseguridad puede destruir la reputación construida durante años y erosionar permanentemente la confianza de clientes y socios comerciales.

Las sanciones no son el único coste del incumplimiento. Las empresas que ignoren el CRA enfrentarán costes de remediación exponencialmente superiores a los de una implementación planificada: rediseño urgente de productos, interrupción de cadenas de producción, costes legales de defensa ante autoridades, posibles indemnizaciones a clientes afectados por brechas de seguridad, y pérdida de cuota de mercado frente a competidores que sí cumplan la normativa.

Estrategia de adaptación: pasos prácticos para el cumplimiento del CRA

Ante la magnitud y complejidad de los requisitos del Cyber Resilience Act, muchas empresas se sienten abrumadas, especialmente pymes con recursos limitados. Sin embargo, una estrategia estructurada de adaptación puede convertir este desafío regulatorio en una oportunidad para fortalecer genuinamente la ciberseguridad de productos y procesos organizativos.

El primer paso esencial es realizar un diagnóstico exhaustivo del estado actual. Esto implica inventariar todos los productos con elementos digitales que comercializa la empresa, clasificarlos según las categorías de riesgo del CRA, evaluar el grado de cumplimiento actual de cada producto respecto a los requisitos esenciales, identificar brechas y carencias en procesos de desarrollo, documentación y gestión de vulnerabilidades, y estimar los recursos necesarios para alcanzar conformidad completa.

La revisión de la cadena de suministro es crítica, especialmente dado que muchos productos incorporan componentes de terceros, bibliotecas de código abierto o servicios de proveedores externos. Cada uno de estos elementos puede introducir vulnerabilidades que comprometan la seguridad del producto final. Las empresas deben establecer procesos rigurosos de due diligence de proveedores, incorporar cláusulas contractuales específicas sobre ciberseguridad y gestión de vulnerabilidades, y mantener inventarios actualizados de todos los componentes y sus versiones mediante herramientas de Software Bill of Materials (SBOM).

La implementación de metodologías de desarrollo seguro (Secure Development Lifecycle) es fundamental. Esto incluye formación específica de equipos de desarrollo en prácticas de codificación segura, integración de análisis de seguridad automatizados en pipelines de CI/CD, realización de revisiones de código enfocadas en seguridad, y establecimiento de procesos formales de threat modeling en fases tempranas de diseño.

La documentación técnica requerida por el CRA no debe verse como una carga administrativa, sino como una oportunidad para formalizar y mejorar procesos que muchas organizaciones realizan de manera informal o inconsistente. Establecer plantillas estandarizadas, asignar responsabilidades claras para mantenimiento de documentación, y utilizar herramientas colaborativas que faciliten actualización continua puede transformar la documentación de obstáculo a activo estratégico.

Para las pequeñas empresas con recursos limitados, buscar apoyo externo especializado puede ser la diferencia entre el cumplimiento exitoso y el fracaso costoso. Consultoras especializadas en ciberseguridad y cumplimiento normativo, como planCiber, pueden proporcionar evaluaciones expertas, desarrollar roadmaps personalizados de adaptación, formar a equipos internos, y acompañar en todo el proceso de certificación y relación con organismos notificados.

Finalmente, es crucial establecer procesos continuos de vigilancia y mejora. El cumplimiento del CRA no es un objetivo único que se alcanza y olvida, sino un compromiso permanente de mantener la ciberseguridad como prioridad durante todo el ciclo de vida del producto. Esto requiere monitorización continua de vulnerabilidades emergentes, actualización regular de análisis de riesgos conforme evoluciona el panorama de amenazas, y disposición para implementar mejoras proactivas que vayan más allá de los requisitos mínimos legales.

Conclusión: el CRA como catalizador de excelencia en ciberseguridad

El Cyber Resilience Act representa un cambio fundamental en cómo Europa aborda la ciberseguridad de productos digitales. Lejos de ser meramente una carga regulatoria, el CRA ofrece una oportunidad única para que las empresas españolas lideren en un mercado cada vez más exigente en materia de seguridad digital, diferenciándose mediante compromisos verificables con la protección de usuarios y organizaciones.

Para las empresas proactivas que inicien su adaptación ahora, los beneficios van mucho más allá del simple cumplimiento normativo. Un producto diseñado desde el principio con los requisitos del CRA en mente será intrínsecamente más seguro, robusto y confiable, reduciendo costes de remediación de vulnerabilidades, minimizando riesgos de brechas de seguridad costosas, y fortaleciendo la reputación de marca en un mercado que valora crecientemente la ciberseguridad.

El periodo de transición hasta diciembre de 2027 no debe verse como un margen para la procrastinación, sino como una ventana de oportunidad para transformación estratégica. Las organizaciones que aprovechen estos tres años para construir genuinamente capacidades de ciberseguridad, en lugar de buscar atajos de cumplimiento mínimo, emergerán como líderes en un ecosistema digital más seguro y resiliente.

En planCiber, entendemos los desafíos que el CRA presenta para empresas de todos los tamaños. Nuestro equipo de expertos en ciberseguridad y cumplimiento normativo está preparado para acompañarte en cada paso del proceso de adaptación, desde el diagnóstico inicial hasta la obtención del marcado CE, asegurando que tu organización no solo cumpla con la letra de la ley, sino que capitalice plenamente las oportunidades que el nuevo marco regulatorio ofrece.